Lema de la MAJ
Reflexión del lema
Formación sobre el mensaje del Santo Padre León XIV para la 100.ª Jornada Mundial por las Misiones.
Idea 1 · La misión nace de mi unión personal con Jesús y de la comunión con los hermanos
No puedo salir a anunciar a Cristo si no me pregunto primero cómo estoy yo con Cristo.
Cristo es el centro de mi vida y de mi misión
La misión no empieza en “hacer cosas” para los demás, sino en estar unidos a Cristo. El Papa dice que “en el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo”.
Cristo debe ocupar el centro de nuestra vida, no solamente en el momento de la misión, sino en nuestras decisiones, palabras, relaciones y acciones: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Ga 2,20).
La unión con Cristo se alimenta en la escucha de la Palabra y en los sacramentos, que son los medios para permanecer unidos a Él. No se trata solamente de prácticas, actividades o ideas religiosas, sino de una vida en relación con Cristo, como los sarmientos unidos a la vid (Jn 15,4).
De la unión con Cristo nace la unión entre nosotros
No podemos pensar la fraternidad misionera separada de nuestra relación con Jesús. Cuanto más nos acercamos a Él, más llamados estamos a acercarnos entre nosotros.
Jesús desea que seamos uno
“Que todos sean uno…” (Jn 17,21). El Papa presenta esta oración de Jesús como expresión de su deseo más profundo y también como identidad de la Iglesia.
La unidad necesita corazones reconciliados. El Papa menciona conflictos, polarizaciones, incomprensiones y desconfianza. Para que exista una verdadera comunidad misionera hace falta sanar vínculos, reconciliarnos y aprender a caminar juntos.
Para reflexionar
- ¿Estoy realmente unido a Cristo?
- ¿Qué lugar ocupa Jesús en mi vida y desde dónde estoy viviendo esta misión?
- Si estamos unidos a Cristo, ¿qué está pasando con nuestros vínculos entre nosotros?
- ¿Soy capaz de mirar al otro como Cristo lo mira?
- ¿Soy capaz de valorar el don del otro, aunque sea diferente al mío?
Idea 2 · La misión no es individual: todos tenemos una misión recibida de Cristo y nos necesitamos unos a otros para llevarla adelante
La unidad no es el fin: tiene una finalidad misionera
El Papa lo expresa a partir de Jn 17,21: Jesús quiere que seamos uno “para que el mundo crea”. Es decir, nuestra unidad tiene una misión: dar testimonio de Cristo.
La misión es una acción comunitaria. El Papa habla de una evangelización “coral, comunitaria, sinodal”. No somos “yo hago mi misión”, sino “hacemos juntos la misión que Cristo nos confía”. Ningún bautizado es ajeno a la misión.
La diversidad es una riqueza
Estar unidos no significa ser iguales. El Papa es muy claro: la unidad misionera no es uniformidad, sino la convergencia de diferentes carismas hacia un mismo objetivo.
Cada uno tiene algo que aportar: sus dones, carismas, personalidades y capacidades pueden ponerse al servicio de una misma misión.
En esta diversidad podemos caer en la tentación de las divisiones, las competencias, los protagonismos, los grupos cerrados o el “es mi manera de hacer las cosas”. El Señor nos llama a la unidad.
Aprender a mirar al otro con ojos de fe
El Papa invita a reconocer el bien que el Espíritu Santo suscita en cada persona: acoger la diversidad y llevar las cargas de los demás. Porque la comunidad misionera no consiste solamente en trabajar juntos, implica acompañarnos, sostenernos y cuidar al hermano.
Para reflexionar
- ¿Cómo estoy viviendo la misión con los demás?
- ¿Estoy construyendo unidad o estoy generando división?
- ¿Puedo reconocer que el otro tiene algo que aportar?
- ¿Estoy dispuesto a poner mis dones al servicio de una misión que es de todos?